Despertó Aura a lo que le parecía un día común y corriente, algo que le hacía falta tener; despertó fuera de casa en compañía del misterioso joven con quien se había encontrado la noche anterior. Evan estaba en la cocina preparando un desayuno rápido para él y su visita. La escritora fue al baño para mojarse la cara y tratar de refrescar la memoria… porque las bebidas le nublaban lo sucedido en la noche. “Aura, estás despierta?” escuchó ella desde lejos. Deseaba, al abrir los ojos, ver entre las gotas de agua la figura de Elora y no la de Evan. No fue así.
En cambio, Elora se levantó para darse cuenta que su amiga no había ido de vuelta a la casa. Recorrió la casa en busca de una nota, un mensaje, o cualquier indicio de que Aura estaba a salvo. Nada. Entonces notó que la luz de la contestadora estaba encendida; había un mensaje nuevo. Elora recordó que antes de salir había sonado el teléfono y no contestaron, “lo más seguro fue de esa llamada” se dijo a sí misma. Presionó el botón de escuchar mensaje:
-Aura, hija es tu papá… Llamo para decirte que tu madre está muy enferma y deberías venir a verla. No… no se cree… el doctor no cree que sobreviva. Ven tan pronto como puedas, ella quiere verte. Te quiero Au…
Mientras se oía de fondo la voz de la contestadora declarando el fin de los mensajes, Elora se ahogaba en lágrimas y desesperación. Guardaba preciados recuerdos de Julieta cuidándola las veces que se iba a quedar con Aura. “Aura! Tengo que encontrarla inmediatamente…”
Aura por su parte lidiaba con la tensión que había crecido en ella por lo borroso del recuerdo, pero entre la carisma de Evan y la química que tenían, la tensión se fue disipando. “Creo que sé quién sos… o por lo menos, creo que te conozco. Pero por alguna razón no te ubico en ninguna parte en particular, entonces te lo tengo que preguntar” comentó soltando una pequeña risa.
“Si querés te lo explico, pero puede tornarse en una historia muy… larga” respondió con seriedad. Aura se sorprendió por la forma en que Evan reaccionó, sin embargo pidió oir la explicación. “Hace mucho tiempo que nos conocemos, no sabría decirte exactamente cuando ni donde… y yo tengo ya varios años de estarte soñando,” rió suavemente y aclaró “no lo digo como frase de conquista, lo digo honestamente, he soñado muchas veces con conocerte”. Para su asombro, Aura no cuestionó la veracidad de lo que le decía en ningún momento, simplemente escuchaba atenta cada detalle de la historia para saciar su curiosidad. “En uno de mis sueños estabas tirada en la playa; te vi a lo lejos y , entonces me acerqué. Te veías bella, debo decir, sin ánimo de hacerte sentir incómoda; a eso me refería cuando te dije que pareces sirena. Hasta después caí en cuenta que era un sueño a lo que me refería y que no sabías de eso…”
“Sí sabía, en realidad…” dijo Aura, “no fue un sueño, porque yo también lo recuerdo. No sé como, ya no estoy segura de qué es real y qué no lo es, pero yo también tengo ese recuerdo… Todo es tan confuso, no entiendo cómo es que… ¿Cómo es que sabes tanto?” Dejó a Evan sin palabras. ¿Qué podía responder él a eso? No sabía tanto más que ella, no sabía por qué soñaba con ella, ni por qué la encontró. “Quisiera poder ayudarte más, quisiera poder decirte qué pasa; pero yo mismo no lo entiendo bien. ¿Qué es lo que has soñado… o vivido?” Narró Aura su pequeño episodio en la cocina y lo que vio en su mente. Sentía confianza en Evan como no había sentido antes, podía decirle de los raros presentimientos que había tenido, de su madre, de la otra versión de estos días, de llamarlo Noche… entonces la detuvo. “¡Así me llamas en mis sueños!” contestó emocionado, “no entendía por qué, es más… al inicio no sabía que hablabas de mi pero lo entendí bien una vez que te molestaste bastante porque no respondía”. Rieron los dos un par de minutos.
Al final, la conversación se tornó en un recuento de sueños y memorias miseriosamente compartidas. Contaba Aura de cuando caminaron juntos por su subconsciente y a medida avanzaba con el relato Evan se iba sintiendo más identificado con la historia, y sucedía lo mismo cuando él contaba sus historias. Sin darse cuenta, les dieron las cuatro de la tarde, con un viento otoñal, marea alta y aranjados melancólicos. Decidieron tomar una pequeña caminata por la playa antes de separarse, porque era ya bastante tarde para que Aura todavía no se hubiera comunicado con Elora, quien desesperaba más que nunca antes en su vida.
“Ha sido un día fantástico” dijo Aura a la vez que suspiraba, “pero creo que ya debo irme a mi casa” y tomó su rumbo no sin antes dar un último vistazo a quien amaba con vehemencia. Evan permaneció en el mismo puesto hasta que el último átomo del aroma de Aura se hubiese disipado.
Elora recibió a su amiga con un grosero “¿dónde has estado?” pero Aura estaba todavía tan embelesada por su encuentro con Evan que no se dejó alterar. La sentó a la mesa, y le dijo del mensaje en la contestadora. Por un momento parecía que el torrente de lágrimas de Aura desembocaban en el mar, por la magnitud que ambos habían adquirido. Y se hundió el día de las jóvenes en dolor…
